Tuve la fortuna de tocar serenatas con don 𝑭𝒂𝒃𝒊𝒐 𝑪𝒓𝒖𝒛 ), ayudante de bacteriología, director del sindicato de empleados del Sanatorio y virtuoso ejecutante de la hoja de naranjo, que le sonaba como un violín.
Una noche, en compañía del guitarrista Hernán Reyes y de Laureano Luna con las maracas, nos correspondió darle serenata instrumental a 𝒔𝒐𝒓 𝑹𝒐𝒔𝒊𝒕𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒂𝒗𝒂𝒔𝒔𝒊, con motivo de su onomástico. A las once la portera Emelina Ayala nos condujo por el pasillo de clausura hasta la puerta de la habitación de la monja. Y al empezar la serenata, el silbido de la hoja de naranjo incomodó a un gran perro que vigilaba el patio del asilo y empezó a aullar y gruñir de manera pavorosa, de modo que casi no se oían los instrumentos. Apenas terminó la primera pieza musical, exclamó don Fabio con su vozarrón característico:
—¡Hola!… ¿No habrá quién calle a ese hijueputa perro?
Sor Rosita estaba grabando la serenata detrás de la puerta de su celda y, al otro día, para agradecer el homenaje, se la hizo oír completa a todas las monjas, a la hora del almuerzo.
Sor Rosita Malavassi, italiana, entregó lo mejor de su vida al servicio de las pacientes del Hospital María Mazzarello. Por su bondad, entusiasmo y trabajo en beneficio de la población, es uno de los personajes de nuestra historia.
Su estatua, obra del profesor 𝑪𝒂𝒓𝒍𝒐𝒔 𝑬𝒏𝒓𝒊𝒒𝒖𝒆 𝑺𝒂́𝒏𝒄𝒉𝒆𝒛 𝑺𝒂𝒏𝒕𝒂𝒎𝒂𝒓𝒊́𝒂, se halla en la plaza del pueblo.
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| Sor Rosita Malavassi y pacientes del Hospital María Mazarello |

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