En Contratación todos los ciudadanos eran abogados. La ley les permitía litigar en causa propia o ajena, sin título profesional.
En 1939, el ciego Lorenzo Aparicio cometió un asesinato y fue defendido por don Germán Carvajal.
Una noche, Ramón Mosquera, joven empleado de la Tesorería Pagadora, de estatura cercana a dos metros, bajaba ebrio por la antigua Calle del Matadero de Marranos, gritando:
–¡Estoy aburrío con la vida!
Por allí subía Lorenzo Aparicio y al encontrarse con Mosquera, le dijo:
–¿De veras tá aburrío con la vida?
–Sí, señor, –respondió Mosquera, –pelié con mi novia y no quiero vivir más.
–¡Pues si tá aburrío con la vida, yo sí le quito el aburrimiento! –dijo Aparicio. Y empinándose en la punta de los pies, con un cuchillo le partió el corazón.
En la audiencia pública, el defensor Carvajal convenció al jurado de que su cliente había cometido homicidio por piedad: el muerto consideraba su vida un infierno y en tales condiciones el reo le había hecho un favor. El juez del circuito confirmó la sentencia.
Pasado un tiempo, el piadoso Lorenzo quedó ciego. «En su vejez recuperó la visión, pero lo mató una borrachera».
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| Antigua Calle del Matadero de Marranos |

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