En Contratación hubo pacientes de nacionalidad distinta a la colombiana, entre ellos el general 𝐍𝐚𝐫𝐜𝐢𝐬𝐨 𝐓𝐚𝐥𝐚𝐯𝐞𝐫𝐚 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐚, nicaragüense.
En los años cincuenta llegó al hospital Don Bosco, donde vivió hasta la edad de 82 años. Su muerte, por afección cardíaca, el 13 de junio de 1963, fue registrada a mano en los libros de la notaría local.
Hasta 1934 el general Talavera fue lugarteniente de 𝐀𝐮𝐠𝐮𝐬𝐭𝐨 𝐂𝐞́𝐬𝐚𝐫 𝐒𝐚𝐧𝐝𝐢𝐧𝐨. Cuando éste fue asesinado por la guardia de 𝐀𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚𝐬𝐢𝐨 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐳𝐚, en una barca de pescadores logró huir a la isla de San Andrés, donde le diagnosticaron el mal de Hansen y fue trasladado a Contratación. Aquí obtuvo cédula de ciudadanía colombiana.
Para comprobar sus afirmaciones, el general mostraba cartas y sobres dirigidos a él donde se leía: «Señor General Narciso Talavera Reina». Un empleado de la Oficina de Correos de la época, el señor Hernando Marín Prada, contaba que algunas de estas comunicaciones llevaban firma y sello del embajador de Nicaragua en Colombia, 𝐀𝐧𝐝𝐫𝐞́𝐬 𝐋𝐚𝐫𝐠𝐚𝐞𝐬𝐩𝐚𝐝𝐚, presidente del Congreso de su país en 1932.
El general Talavera tenía tez morena y grave porte, era alto, cenceño, de cabello cano en franja alrededor de la cabeza. Por la tarde, sentado en un escaño de la plaza, asombraba a sus contertulios con la historia de sus hazañas y las costumbres de su país natal.
Calzaba sandalias de cuero y en el bolsillo de la camisa guardaba cigarrillos baratos que, en vez de fumar, mascaba. A los chicos de la época les enseñaba palabras en inglés.
El general Talavera fue sepultado en el cementerio local, en la madre tierra. Y ya no quedan vestigios de su tumba.

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