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Oficios perdidos

  Algunos de los oficios perdidos en Contratación:
Don Victoriano Ruiz

Polvorero: Fabricante de pólvora. La licencia para producirla la otorgaban las autoridades por un año, mediante remate. En las polvorerías se presentaron explosiones y algunos polvoreros perdieron dedos o manos, como don Nativo Rodríguez, Roberto el Polvorero y Pilonieta. La polvorería de don Jesús Rangel, en el barrio El Árbol, explotó una noche y se quemó, sin desgracias personales porque los dueños no estaban.

Parquero: Tenía a su cargo el cuidado del parque Lleras. El último fue un señor llamado Pedro.

Caleta: Hombre que llevaba a la espalda los bultos de café, papa, maíz, etc., para distribuir en las tiendas. El caleta usaba un sobretodo o ruana de costal de fique. Se la pasaba en la plaza, pendiente de la llegada de la recua de mulas cargadas con bultos, o del pedido de los parroquianos que solicitaban el traslado de café hasta la compra de Pedro Niño Jerez, de Molagavita.

Romanero: Como no existían básculas, los bultos se pesaban en la plaza con una romana. En la esquina que da entrada a la casa cural, debajo de un árbol, el romanero sembraba dos horquetas para sostener un travesaño del que colgaba la romana. El caleta llegaba allí con los bultos para que los pesara el romanero, y el dueño le pagaba a este una tarifa. El oficio se asignaba anualmente, por remate. El último fue don Elías Velásquez.

Pesero: Persona que tenía por oficio matar la res y vender la carne en la Pesa municipal. 

Toldero: Vendedor de víveres y granos en un toldo de la plaza. Hubo hasta dos hileras de toldos. Recordamos a algunos: Serafín Palacios, Evangelina Riaño, María Cala, Israel Forero y doña María Luisa de Arciniegas, quien vendió por muchos años pelotas de millo, masato y empanadas.

Pastero: Encargado de alimentar los caballos oficiales que montaban los médicos, el administrador y otros funcionarios de categoría para ir del pueblo a sus lugares de residencia y viceversa. El encargado de aperar era el palafrenero.

Barreplaza: Su oficio consistía en desyerbar y barrer las calles y la plaza con escoba de ramas. Uno de los últimos fue don Victoriano Ruiz Suescún, de Chiscas, Boyacá, quien también fue músico de la banda Quince de Julio y excelente persona, como la mayoría de los habitantes de entonces. 

Cabuyero: El que pasaba las personas sobre el río Suárez, en una canasta suspendida de un cable de acero, antes de la construcción del puente.

Citador: Iba por las casas citando a quienes tenían requerimientos en las oficinas públicas.

Cargahistorias: Señora encargada de pasarle las historias clínicas al médico de turno.

Loquero: Empleado a cargo de los locos del Loreto.

Jefe del casino: Persona que atendía la compra y suministro de alimentos y utensilios de los habitantes de la Casa Médica.

Orero: El que vendía y reparaba en la plaza anillos y joyas. Uno de los últimos fue don Efraín Gutiérrez.

Correísta: El que diariamente traía el correo de Guadalupe a Contratación en una mula por el camino de herradura, ida y vuelta. El último fue don Alberto Franco, de Guadalupe. El correísta iba a pie. Antes de él ejerció el oficio un señor Luis Quiroga, que de tanto caminar se le reventaba la vena várice. Entonces se ponía una cataplasma de barro del camino y se amarraba la pierna con un trapo.

Mutera: Señora que vendía mute en la plaza. (Mi abuelita Carmen fue mutera y, de niño, le ayudaba a bajar el canasto de mute a la plaza, suspendido de una vara de madera: ella adelante y yo atrás).

Plantero: Encargado de encender y vigilar la planta eléctrica de don Miguel Serrano en la quebrada de La Sanjuanera. El último fue don Ricardo Rojas.

Curandera: Enfermera que curaba a domicilio a los pacientes.

Chuchero: El que vendía ropa o cacharrería en la plaza. Recordamos a Horacio, el antioqueño. 

Don Luis, el batanero, instalaba su venta de ropa bajo el balcón del Colegio ITIS y anunciaba sus descuentos gritando: «¡Vendo guarap… barato!»

Venta de ropa de don Luis, el batanero


En la nómina del Sanatorio existieron otros cargos públicos con denominación de la edad media: Amansador, fontanero, escribiente, barrendera, trapeadora, despensera, enterrador, carcelero, ayudante, planchadora, ropera, retratista, jardinero, hortelano, cuidandero, cocinera, lavandera, mandadero, herrero.

Más trabajos perdidos: El vendedor de purgantes y reconstituyentes, el rezandero (que rezaba muelas a la gente y gusaneras de las reses), y las tareas de tripera, culebrero, revendedora, masatera, contrabandista, desechero, picapedrero, policía interno, etc.

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