La casa de la señorita Marielcampo, en la esquina de la plaza frente a la casa cural, tenía corredor con baranda.
Allí se leía el bando, porque aún no había altoparlante ni emisora. Para dar a conocer las normas expedidas por el Corregidor, los sábados salía un desfile desde la corregiduría, por la calle de la casa cural, hasta llegar al corredor de Marielcampo. En dos hileras, la policía interna y las autoridades formaban el cortejo y adelante iba un parroquiano tocando el tambor pausadamente.
Cuando niño, mi abuelita me tomaba de la mano y decía: «Va a haber bando». Con las personas que estaban en el mercado de la plaza nos reuníamos frente al corredor, donde un paisano de voz potente leía el decreto o aviso oficial. El último en ejercer dichas funciones fue Ramón León, quien también realizaba el remate de caballos y enseres del Sanatorio. Terminada la lectura, el desfile volvía por la misma calle, lentamente, de a dos en fondo. Y se perdía a lo lejos el toque del tambor.
El inmueble de doña Marielcampo duró en venta largo tiempo. En la esquina había un letrero en una tabla pegada a la pared: «Se vende esta casa y una máquina de coser a mano». Nadie se interesó en adquirir las dos cosas, decían los cofrades: El que compraba la casa debía hacerse cargo de la máquina. Y la máquina de coser a mano era misiá Marielcampo.
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| Casa de la señorita Marielcampo, esquina de la plaza. |

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