Los historiadores cuentan que, al comienzo de la
república, el general 𝗙𝗿𝗮𝗻𝗰𝗶𝘀𝗰𝗼
𝗱𝗲
𝗣𝗮𝘂𝗹𝗮
𝗦𝗮𝗻𝘁𝗮𝗻𝗱𝗲𝗿
ordenó el traslado de los pacientes del mal de Hansen de los suburbios
de El Socorro a un paraje entre la ribera occidental del río
Suárez y la serranía de Los Yariguíes.
Allí se estableció el asentamiento
llamado 𝗘𝗹 𝗖𝘂𝗿𝗼, que subsistió por algunas décadas sometido a un
clima malsano, inundaciones, epidemias, plagas de insectos y reptiles
venenosos. Poco a poco, y por su propia cuenta, en busca de mejores tierras,
los enfermos fueron escalando la cordillera hasta encontrar un hermoso valle
con agua y abundantes bosques. Allí había algunos ranchos habitados
esporádicamente por recolectores de cáscara de quina, utilizada para fabricar
remedios contra el paludismo. A este sitio lo llamaban 𝗟𝗮
𝗖𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮.
El 14 de septiembre de 1861 se trasladó a La Contrata el
último paciente de El Curo. En 1868, el obispo de Tunja nombra como primer
párroco al sacerdote 𝗥𝘂𝗱𝗲𝘀𝗶𝗻𝗱𝗼
𝗚𝗼́𝗺𝗲𝘇,
«quien abrió el primer libro de bautismos el 14 de abril de 1868». Más tarde,
en 1880, se crea la parroquia de San Lázaro. Por más de treinta años, los
pacientes fueron casi olvidados por los gobiernos, inmersos
en múltiples guerras civiles.
Finalmente, en 1897, comienza el renacer del pueblo con
la llegada de los padres 𝗦𝗮𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮𝗻𝗼𝘀
y, al año siguiente, de las hermanas 𝗛𝗶𝗷𝗮𝘀
𝗱𝗲
𝗠𝗮𝗿𝗶́𝗮
𝗔𝘂𝘅𝗶𝗹𝗶𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮.
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| Contratación, a comienzos del siglo XX |

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