A los beneméritos cofrades de 𝗟𝗮 𝗣𝗶𝗲𝗱𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗔𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗱𝗼𝘀, les oí contar lo siguiente:
«En los billares de don Isidro, Helí Reyes, Roque Hernández y Modesto Amaya, los sábados por la noche se celebraba el campeonato de vientos.
Varios competidores, Ursulino Pérez, Caimito, Abel López (que ganó una casa jugando al dado y la perdió jugando toruro), Villegas, el sastre Corcholí y otros, participaban en el torneo clandestino, cuyo premio consistía en un suculento almuerzo para recargar baterías.
Cada sábado los miembros del grupo escogían un billar y ocupaban las bancas destinadas al público, alrededor de la mesa, mezclados con los demás espectadores.
Según el turno establecido, el participante levantaba la mano e iba soltando una ventosidad muda, preparada de antemano con abundante repollo, fríjoles, cebolla, guarapo fresco con bicarbonato y otros manjares.
Ganaba aquel que lograra correr al coime y a todos los patos del billar».
El equipo se disolvió a la muerte de don Abel López, presidente vitalicio de la hermandad.

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